Tomás «Piyuyo» Arroyo: Desde El Montículo Hasta La Universidad
Tampico, Tamaulipas, 30 de octubre de 1947. Habían pasado apenas dos años desde el final de la guerra y el
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Leer másEn 1970, México era un país suspendido entre dos tiempos. Había pasado apenas un par de años desde Tlatelolco y
Leer másDurante trece años, desde aquel 1945 en que comenzó a jugarse el béisbol de la Liga de la Costa del
Leer másEl 5 de enero de 1971, la perfección llegó a Guaymas y encontró las tribunas casi vacías. Solo 72 personas
Leer másHay posiciones que se juegan y hay posiciones que se habitan. El shortstop pertenece a la segunda categoría. No es
Leer másLos Naranjeros iniciaron la temporada de 1963-64 cargando un peso peculiar: el de sus propios éxitos. Durante los primeros años de la década se habían convertido en la franquicia modelo de la Liga Invernal de Sonora. Los campeonatos de 1960-61 y 1961-62 habían consolidado a Hermosillo como el referente del béisbol invernal mexicano y habían alimentado una expectativa que suele acompañar a todos los equipos ganadores: la obligación permanente de volver a triunfar.
Leer másEl invierno de 1952 comenzó bajo la sombra de una derrota reciente. Meses antes, los Tacuarineros de Culiacán habían conquistado el campeonato de la Liga de la Costa tras resistir una dramática embestida mazatleca en la recta final de la temporada 1951-52. Los Venados estuvieron a un paso de forzar un desempate histórico y el puerto nunca terminó de aceptar aquel desenlace. La sensación que dominaba a la afición no era la resignación, sino la certeza de que la gloria estaba cerca. Muy cerca.
Leer más1951. Mientras la Liga estrenaba presidente, una nueva pelota prometía más batazos y los aficionados soñaban con un campeonato distinto, los Tacuarineros avanzaban con la calma de los equipos que han aprendido algo esencial: los campeonatos largos no los gana el más brillante, sino el que sabe resistir. Y conforme avanzaba la temporada comenzó a crecer una sospecha incómoda para el resto de la Costa: a Culiacán simplemente no había quien lo derrotara.
Leer másHay temporadas deportivas que producen campeones y otras que producen recuerdos. Las primeras suelen sobrevivir en archivos: una columna de victorias y derrotas, una estadística de bateo, una fotografía amarillenta o una placa olvidada en alguna vitrina. Las segundas tienen un destino distinto. Abandonan las páginas deportivas y entran en un territorio más extraño. La quinta temporada de la Liga de la Costa del Pacífico, disputada entre 1949 y 1950, pertenece a esa segunda categoría.
Leer másSi la temporada de 1947-48 había demostrado que la Liga de la Costa del Pacífico podía sostenerse, la campaña de 1948-49 reveló algo más incómodo: que también podía desgastarse. El circuito dejó de parecer una aventura regional impulsada por el entusiasmo y empezó a mostrar las tensiones propias de una liga que crecía demasiado rápido. El béisbol seguía expandiéndose hacia nuevas plazas y nuevos públicos, pero junto con el espectáculo crecían también las grietas: viajes más largos y costosos, nóminas difíciles de sostener, contrataciones erráticas, clubes obligados a sobrevivir semana a semana.
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